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Esta será una serie de posts relacionados a la mentalidad de éxito.

Y vamos a empezar por el principio, lo que todo lo mueve, lo que hace que los grandes planes se conviertan en toda una realidad, lo que nunca nos puede faltar en el momento de conseguir algo importante para nuestras vidas.

El deseo, el deseo ferviente, las ganas de conquistar el mundo, ese fuego interior que se nos aviva cuando estamos en relación con lo que nos apasiona.

Esta parte es fundamental en cualquier persona que desee tener éxito en algún campo. Da igual a lo que te quieras dedicar, en lo que quieras tener éxito, sin deseo no hay nada.

Ya que somos seres emocionales, y movido por el deseo, es la gasolina que necesitamos para empezar algo, y más importante, será nuestro empuje cuando las cosas no vayan demasiado bien.

Cabe remarcar, que el deseo hay que bajarlo a la tierra y convertirlo en objetivo. Y como os comenté en el post anterior, para conseguir un objetivo hay que hacer un plan con unas metas claras y sencillas de entender.

El deseo de cumplir nuestro objetivo nos va a permitir quitar de nuestras cabezas las sombras, las objeciones que podamos encontrar en nuestro camino al éxito. En cuanto el camino se ponga feo y estrecho (y se pondrá), traer nuestro deseo de nuevo a la cabeza nos dará el combustible necesario para poder seguir adelante. Recitar interiormente o en voz alta nuestros objetivos hará que se nos despejen las dudas y miedos motivándonos y volviendo a coger el impulso necesario para continuar nuestro arduo camino al final esperado.

No solo vale con desear algo y ya está, lógicamente así no funciona el éxito. Hay que acomodar todo tu entorno a lo que te lleve a realizar ese deseo realidad. Hay que trabajar duro, educarse, estudiar a personas que consiguieron lo que tu quieres, ver y analizar el camino que otras personas han recorrido para alcanzar sus metas. Da igual que fin quiso la otra persona, lo que se trata aquí es de adoptar la mentalidad de tiburón con la que esa persona consiguió sus metas.

Una persona movida por el deseo incansable de conseguir algo, es una persona imparable.

 “ He aprendido con los años que cuando un hombre desea algo con tanta fuerza que está dispuesto a sacrificar todo su futuro por un único objetivo o una meta, no se debe apostar en contra de ese hombre”

  • Thomas A. Edison

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